jueves, 28 de marzo de 2013

LA OTRA ÓPERA, EL DRAMA MUSICAL DE RICHARD WAGNER EN EL 200 AÑOS DE SU NACIMIENTO.



EL ANILLO DEL NIBELUNGO.

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Antes de Wagner, después de Wagner, argumentan muchos  musicólogos, mi opinión es que esto es OTRA ÓPERA, Wagner nunca llamó a sus obras, operas ni dramas musicales, se limitó a componer con su forma y estilo, sin más. No marcó continuidad en su futuro, pero si una visión distinta para componer y sentir de las generaciones venideras.
A Wagner no le gustaba la ópera Italiana, que conocía muy bien, por las reducciones  para piano y canto, que tuvo que hacer para ganarse la vida, y decidió seguir su camino, en  su comportamiento personal, (despótico, soberbio, autoritario  y  antisemita,)  pues odiaba a los judíos, ya que  Meyerbeer  y  Mendelssohn  lo eran, siendo triunfadores ,eran famosos y ricos, pero Wagner con su estilo y forma compositiva  revolucionó el mundo de la ópera del siglo XIX.
 La cita de ésta año en Bayreuth es el acontecimiento número uno del universo wagneriano por coincidir con el bicentenario del nacimiento del compositor  (Leipzig, en 1813) y el 130 de su muerte (Venecia, 1883) y porque ahí se interpretará la tetralogía.

El anillo del nibelungo es un ciclo de cuatro óperas épicas medieval. Éstas óperas son El Oro del Rin (Das Rheingold), La Valquiria  (Die Walküre), Sifrído (Siegfried) y El ocaso de los dioses (Götterdämmerung). En el curso de veintiséis años, de 1848 a 1874, duró su composición.
El Anillo es un trabajo de extraordinaria escala que Wagner tardó más de un cuarto de siglo en escribir. Su cualidad más obvia, para alguien que la escuche por primera vez, es su extensa longitud: una representación entera del ciclo se extiende durante cuatro noches de ópera, con un tiempo total de quince horas, dependiendo de la velocidad que el director imprima a la ejecución de la partitura.
 La primera y más corta de las óperas es su prólogo: El oro del Rin, que generalmente dura dos horas y media, mientras que la más larga y última, El ocaso de los dioses, puede llegar a las cinco horas.
La escala de esta historia es épica. Sigue las luchas entre dioses, héroes y varias criaturas mitológicas acerca del epónimo anillo mágico que otorga dominación sobre el mundo entero. El drama y la intriga continúan a través de tres generaciones de protagonistas, hasta el cataclismo final en El ocaso de los dioses.
La música del Anillo es profunda y ricamente texturada, creciendo en complejidad a medida que el ciclo se desenvuelve. La técnica del motivo temático musical, o leitmotiv, es utilizada de manera magistral por Wagner a lo largo de la tetralogía. Los motivos temáticos van sonando a medida que los principales personajes, emociones, lugares y otras circunstancias van apareciendo en la obra, y reaparecen evolucionando de muy diferente manera a lo largo de esta.
Wagner escribió el Anillo para una orquesta de muy grandes proporciones. Incluso promovió la construcción de un teatro ex profeso: el Bayreuther Festspielhaus, erigido en Bayreuth, para poder realizar el montaje del ciclo completo. El teatro cuenta con un escenario especial, concebido por Wagner para equilibrar el sonido de la orquesta con la voz de los cantantes, permitiéndoles cantar con un volumen natural. Como resultado, los cantantes no necesitan esforzarse tanto vocalmente durante las largas representaciones. La acústica del Festspielhaus está entre las mejores del mundo. En otros espacios, los cantantes a veces encuentran difícil lograr este equilibrio entre voz y orquesta.


La historia breve de la tetralogía es la siguiente:
La trama se inicia con el Oro del Rin, una masa aurífera que descansa en el fondo del río y que, al ser robada y forjarse con ella un anillo mágico, éste concede a su portador el poder de dominar el mundo, siempre y cuando asuma el precio de la maldición que lo obligará a renunciar al amor. El enano nibelungo Alberich será quien, al sentirse despechado por las hijas del Rin, unas ondinas que custodian el oro, decidirá asumir la maldición, robar el oro y forjar el anillo. Diversos seres míticos luchan después por la posesión del anillo, incluido Wotan (Odin), el líder de los dioses. El plan de Wotan para superar sus limitaciones, que se extiende por generaciones, es el motor de gran parte de la historia. Después, el héroe Sigfrido gana el anillo como pretendía Wotan, pero acaba siendo traicionado y asesinado. Finalmente, la valquiria Brunilda (amante de Sigfrido e hija desleal de Wotan) devuelve el anillo al Rin. Durante el proceso, los dioses son destruidos.



Sinopsis El oro del Rin.

Acto I

Das Rheingold inicia con un preludio de 136 compases sin modulación basado en el acorde de E (Mi) plano que representa los movimientos constantes y eternos del río Rin (se ha discutido que Richard Wagner generó esta melodía mientras se encontraba somnoliento). Esta melodía se ha dicho que es una de las más conocidas del repertorio del cual está compuesto el concierto. El poder de la música se eleva mientras el telón asciende.

Las tres doncellas del Rin (Rhinemaidens): Woglinde, Wellgunde y Flosshilde, juegan entre si en el fondo del río Rin. Alberich, un enano nibelungo, aparece de las profundidades e intenta seducir a las doncellas. Las tres damas se burlan del aspecto poco atractivo de Alberich y de sus intentos lo cual causa la ira del enano. Alberich nota el brillo dorado que emana una roca cercana y luego pregunta a las doncellas que es lo que lo causa. Las tres responden que es el oro del Rin (Rheingold), el cual deben de cuidar bajo órdenes de su padre. Luego las damas explican que solo aquel que renuncie al amor podrá crear el anillo llamado Andvaurinaut a partir del oro del Rin. El Andvarinaut permitiría al portador dominar el mundo.

Las tres doncellas creen que el lujurioso enano no es una amenaza para el oro del Rin, pero Alberich se enfada por las burlas de las tres damas lo cual permite que haga al lado el amor y así acaba apoderándose del oro del Rin.


Acto IIWotan, rey de los dioses, duerme en la cima de una montaña junto a Fricka, su esposa. Fricka despierta y alcanza a ver un magnífico castillo a sus espaldas lo cual la lleva a despertar a Wotan quien le hace saber que su nuevo hogar ha sido construido. Los gigantes completaron la obra y a cambio Wotan les ofreció a Freia, la diosa de la juventud. Fricka se encuentra consternada por su hermana, pero Wotan confía en que no tendrá que cumplir su palabra.

Freia aparece y se encuentra horrorizada y mientras la siguen los gigantes Fasolt y Fafner. Fasolt demanda que se le pague por el trabajo que realizó y declara que el poder de Wotan se deriva de los tratados que ha inscrito sobre su lanza y entre estos se encuentra el pacto que hizo con los gigantes. Donner, dios del trueno, y Froh, dios del amor, aparecen para poder defender a su hermana pero Wotan los detiene ya que no puede detener a los gigantes a través de la fuerza ya que esto lo llevaría a no cumplir su palabra.

Loge, dios del fuego, aparece justo a tiempo y Wotan confía en que la sabiduría del dios le ayudará a encontrar una manera de no cumplir el acuerdo con los gigantes. Sin embargo, Loge narra como Alberich ha robado el oro del Rin (Rheingold) y ha forjado un poderoso anillo utilizando el metal. Wotan, Fricka y los gigantes inmediatamente comienzan a idearse una manera de apoderarse del anillo; Loge sugiere una manera de robarle el artefacto al enano. Fafner demanda que el anillo sea la forma de pago por el castillo de Wotan, en lugar de Freia. Los gigantes se marchan pero se llevan a Freia como rehén.

Las manzanas doradas de Freia habían permitido que los dioses se mantuviesen jóvenes permanentemente, pero con su ausencia comienzan a envejecer y a deteriorarse. La única forma de revertir esto es conseguir el anillo para poder rescatar a Freia, la razón por la cual Wotan y Loge descienden al mundo terrestre en busca del anillo.

En este espacio hay un intermedio orquestal que "narra" el descenso de Loge y Wotan hacia el Nibelheim. Uno de los detalles más importantes de este intermedio es cuando la orquesta empieza a disminuir el volumen de la música para que se puedan escuchar 18 yunques (recreados por la orquesta con distintos altos), lo cual representa la labor de los enanos que se encuentran esclavizados


Acto III


En el Nibelheim, Alberich ha esclavizado al resto de los enanos nibelungos. El enano ha obligado a que su hermano, Mime, le forje un casco mágico, el Tarnhelm. El Tarnhelm permite que Alberich se torne invisible y así pueda atormentar aún más a sus súbditos.

Wotan y Loge llegan a su destino final y se encuentran a Mime, quien les cuenta sobre el anillo y la miseria que viven los nibelungos bajo el dominio de Alberich. Mientras tanto, Alberich obliga a que sus esclavos almacenen vastas cantidades de oro y cuando terminan su labor los despacha para poder atender a los dos visitantes. Alberich anuncia sus planes de dominar el mundo y luego Loge lo engaña para que le muestre el poder del Tarnhelm lo cual lleva a Alberich a convertirse en un dragón y luego en un sapo. Cuando Alberich se convierte en dicho anfibio, los dos dioses lo capturan.


Acto IV

En la cima de la montaña, Wotan y Loge obligan a que Alberich entregue su fortuna a cambio de su libertad. Los dioses le desatan la mano derecha, con la cual utiliza el anillo para convocar a sus esclavos para que presenten el oro a los dioses. Una vez entregado el oro, Alberich pide que se le regrese el Tarnhelm, pero Loge dice que es parte de la fortuna que requerirá su liberación. Finalmente, Wotan le pide el anillo y aunque Alberich se niega a entregarlo, Wotan se lo arrebata y lo pone sobre su dedo. Este acto conlleva a que Alberich ponga una maldición sobre el anillo: hasta que no le sea regresado, aquel que no lo tenga lo deseará y aquel que lo posea solo recibirá penas y muerte.

Fricka, Donner y Froh aparecen y son recibidos por Wotan y Loge, quienes muestran el oro que se utilizará para rescatar a Freia. Fasolt y Fafner regresan con Freia. Desde un inicio, los dos insisten que debe de haber suficiente oro como para que Freia quede fuera de vista. Una vez se amontona todo el oro, Wotan debe de entregar el Tarnhelm para poder cumplir la demanda de Fasolt y Fafner. Finalmente Fasolt muestra que hay un pequeño hueco entre todo el oro y solo se podrá cubrir con el anillo. Wotan se niega a entregar el anillo, por lo tanto los gigantes anuncian que se llevarán a Freia nuevamente.

Repentinamente Erda, diosa de la tierra y la mujer más sabia del mundo, se aparece. Erda advierte a Wotan sobre la maldición del anillo y por lo tanto le pide que lo abandone. Wotan, muy consternado, entrega el anillo y Freia se ve liberada. Mientras los gigantes se dividen el tesoro, se inicia una disputa sobre cual de los dos recibirá el anillo. Fafner asesina a Fasolt a golpes y se retira con toda la fortuna. Un Wotan horrorizado se da cuenta del terrible poder que tiene la maldición de Alberich.

Finalmente los dioses se preparan para entrar a su nuevo hogar. Donner crea una tormenta eléctrica y una vez terminada Froh invoca un arco iris que los dioses utilizan como puente para ingresar a su castillo. Wotan los lleva al castillo, al cual nombra Valhalla. Fricka pregunta a Wotan sobre el nombre y la respuesta es que su significado será revelado en un futuro.

Loge, quien sabe que el fin de los dioses se acerca, no sigue a los demás al Valhalla. En el río Rin las doncellas del Rin (Rhinemaidens) lamentan la perdida de su oro. El telón cae.




  Versión Metropolitan Opera House (MET)
James Levine.- 1990.-

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69 videos.- inserto el primero del El oro del Rin.- 

Sinopsis La Valquiria. 
Fuente la WikipediA.-
Acto I
Es importante entender que durante este acto, Wagner juega con los nombres e identidades de los personajes. La programación revela los nombres de algunos de los personajes, pero Wotan, Sigmundo (Siegmund, nombre que significa 'protector de la victoria o escudo') y Siglinda (Sieglinde, cuyo nombre significa 'victoria apacible') no revelan los suyos hasta la parte más tensa de este acto.
Durante una tormenta muy violenta, Sigmundo busca refugio en la casa del guerrero Hunding Éste no se encuentra en su aposento, por lo cual Siglinda, la muy descontenta esposa de Hunding, es quien recibe a Sigmundo. Éste cuenta a Siglinda que está huyendo de sus enemigos. Luego proceden a beber hidromiel y Sigmundo se prepara para irse, ya que revela que parece que la mala fortuna lo persigue. Siglinda le ruega que se quede y le comenta que no puede llevar mala fortuna a la "casa en donde la mala suerte ya habita".
Cuando Hunding regresa a su hogar piensa dos veces antes de ofrecerle posada a Sigmundo, aunque por tradición se ve obligado a dársela. Siglinda se siente cada vez más fascinada por el huésped y le pide que le cuente la historia de su vida. Sigmundo empieza a narrar que en un viaje a casa junto a su padre encontró a su madre muerta y que su hermana melliza había sido secuestrada. Luego viajó con su padre hasta que ambos tomaron distintos caminos. Un día Sigmundo se topó con una niña que estaba siendo obligada a casarse y luchó contra los parientes de la niña. Las armas de Sigmundo fueron dañadas y la niña murió, por lo cual tuvo que huir y buscar refugio en la casa de Hunding. En un inicio, Sigmundo no revela su nombre y se hace llamar Wehwalt (que en español se traduce como lleno de aflicciones o desgraciado).
Una vez Sigmundo termina su relato, Hunding revela que él es una de las personas que estaba persiguiendo al guerrero. Hunding permite que Sigmundo se quede una noche más, pero al amanecer deberán luchar uno contra otro. Hunding se retira con Siglinda, ignorando las preocupaciones de su esposa. Sigmundo lamenta su mala fortuna y recuerda la promesa que su padre le había hecho: que encontraría una espada cuando más la necesitara.
Siglinda regresa y revela que puso un tipo de droga en la bebida de Hunding para que se durmiera profundamente y luego revela que ella se había visto obligada a casarse con Hunding. Durante el banquete de bodas, un hombre de edad avanzada había aparecido y había ensartado una espada en el tronco de un fresno; ni Hunding ni sus compañeros habían podido sacar la espada del árbol. Siglinda revela su atracción por aquel héroe que pudiera sacar la espada y liberarla. Sigmundo expresa su amor por Siglinda y ella lo corresponde, y ella se esfuerza por comprender su reconocimiento de él, ella se da cuenta de que está en el eco de su propia voz, y el reflejo de su imagen, que ella ya conoce. Sigmundo revela que el nombre de su padre era Walse y ella le declara que él es Siegmundo, y que el Caminante le había dejado la espada a él.
Sigmundo ahora libera fácilmente la espada y ella le dice que es Siglinda, su hermana melliza. Éste nombra la espada Nothung (o "necesaria", pues es el arma que él necesita para su próxima lucha con Hunding). Mientras termina el acto, él la llama "esposa y hermana", y se la lleva con él en un apasionado fervor, huyendo de la casa de Hunding.
 Acto II.
Wotan se encuentra en una montaña rocosa con
Brumilda, su hija valquiria. Wotan ordena que Brunilda proteja a Sigmundo cuando se enfrente a Hunding.Fricka, esposa de Wotan y diosa del matrimonio, aparece y demanda que Sigmundo y Siglinda sean castigados por cometer adulterio e incesto. Fricka sabe que Wotan, disfrazado como un mortal llamado Wälse, es el padre de Sigmundo y Siglinda. Wotan argumenta que necesita a un héroe libre (esto es, uno no gobernado por él) para llevar a cabo sus planes, pero Fricka lo contradice al decir que Sigmundo no es más que una criatura e inconsciente peón de Wotan. Éste, acorralado, promete a Fricka que Sigmundo morirá.
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Fricka se retira y Brunilda se queda con su padre, ahora notablemente desesperado. Wotan narra sus problemas:  Erda   que había dado una advertencia a Wotan al final de El oro del Rin y éste había seducido a la diosa de la tierra (Erda) para poder averiguar más sobre dicha profecía. Brunilda nació de esta unión.
Wotan crio a Brunilda y otras ocho hijas como las valquirias, guerreras encargadas de recolectar las almas de los héroes caídos para poder formar un ejército para luchar contra Alberich. El ejército del Valhalla fallaría si Alberich llegase a apoderarse nuevamente del anillo, el cual se encuentra en las manos de Fafner. El gigante se convierte en un dragón utilizando el Tarnhelm y se queda en un bosque con el tesoro de los nibelungos. Wotan no puede quitarle el anillo a Fafner, ya que Wotan lo otorgó bajo una promesa y por lo tanto necesita a un héroe que derrote a Fafner en su nombre. Sin embargo, justo como dijo Fricka, Wotan solo podría crear esclavos para sí mismo. De mala gana, Wotan ordena a Brunilda que asesine a su amado hijo Sigmundo.
Habiendo huido de la casa de Hunging, Sigmundo y Siglinda se encuentran en un puerto de montaña, cuando Siglinda se desmaya por cansancio y remordimiento. Brunilda se acerca a Sigmundo y le habla de su próxima muerte. Sigmundo rehúsa seguir a la valquiria al Valhalla cuando descubre que Siglinda no podrá ir con él. Saca su espada y amenaza con matar tanto a Sieglinda como a sí mismo. Brunilda queda impresionada por la pasión de Sigmundo y decide proteger al guerrero en vez de matarlo, de manera que asegure su victoria sobre Hunding.
Hunding aparece y ataca a Sigmundo. La bendición de Brunilda da un poder extraordinario a Sigmundo que le permite dominar a Hunding, pero Wotan se presenta y destruye la espada Nothung con su lanza. Sigmundo se encuentra desarmado y Hunding acaba con la vida del guerrero. Brunilda huye, pero no sin antes llevarse a Siglinda y los restos de Nothung. Wotan ve con gran tristeza el cuerpo de su hijo, y Brunilda reúne los fragmentos de Nothung y huye a caballo con Siglinda. Wotan mata a Hunding con un gesto desdeñoso, y con ira persigue a su desobediente hija Brunilda.
Acto III
Las otras valquirias se reúnen al pie de la montaña, cada una con un héroe en su alforja. Las valquirias se sorprenden cuando Brunilda aparece con Sieglinda, una mujer que todavía está viva. Brunilda pide ayuda, pero sus hermanas no osan desafiar las órdenes de Wotan. Brunilda decide distraer a Wotan mientras Siglinda huye. También revela que Siglinda quedó embarazada de Sigmundo y nombra a su hijo Sigfrido (Siegfried, que significa alegría en la victoria o paz en la victoria).
Wotan aparece furioso y castiga a Brunilda: su hija deja de ser una valquiria y se ve despojada de su inmortalidad; además, la condena a que duerma un sueño mágico cerca de la montaña y sea presa fácil para cualquier hombre que pase por ahí. Las demás valquirias temen por sus propios destinos y huyen. Brunilda pide misericordia a Wotan para ella misma, su hija favorita. Ella relata el valor de Sigmundo y su decisión de protegerlo, sabiendo que ese era el verdadero deseo de Wotan. Con las palabras Der diese Liebe mir ins Herz gehaucht ("Él que instiló este amor en mi"), introduciendo la clave de mi mayor, ella identifica sus acciones con el verdadero deseo de Wotan. Wotan le concede su última petición: rodear la cumbre de la montaña con una llama mágica, que la protegerá de todos menos del guerrero más valiente (que, según se le revela a través del leitmotif, ambos saben que será Sigfrido aún no nacido). Wotan pone a Brunilda sobre una roca y, en un largo abrazo, besa sus ojos cerrados sometiéndola a un estado profundo de sueño. Wotan llama a Loge (el semidiós nórdico del fuego), para que cree la llama que protegerá a Brunilda. Despojado de dos de sus hijos, Wotan se retira lentamente con una gran tristeza, después de decir: "Cualquiera que tenga miedo de la punta de mi lanza no pasará a través del fuego." Cae el telón al tiempo que la música del fuego mágico de nuevo se expresa en Mi mayor.

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 69 videos.- inserto el primero  La valquiria.-


 



 Sinopsis Sigfrido


Acto I
Mime, hermano de Alberich, se encuentra forjando una espada dentro de su cueva, en el bosque. El enano nibelungo planea recuperar el anillo Andvarinaut para sí mismo, habiendo criado a Sigfrido para que pueda acabar con el dragón Fagner  que guarda el anillo y otros tesoros, para cumplir su deseo. Mime necesita crear una espada para Sigfrido, pero el joven ha destruido todas las armas que se le han otorgado. Sigfrido regresa de su caminata por el bosque con un oso salvaje que cazó y exige su nueva espada, que rompe inmediatamente. Después del enfado de Sigfrido y un discurso cuidadosamente estudiado de Mime sobre la ingratitud de Sigfrido hacia él, Sigfrido empieza a entender por qué sigue volviendo donde Mime aunque lo desprecia: quiere saber el estado de sus padres. Mime se ve obligado a explicar que él tuvo que cuidar de Siglinda (Sieglinde) mientras daba a luz pero al final ella murió. Mime muestra los restos de la espada Nothung, que él había obtenido de ella. Sigfrido le ordena que la repare, lo que no puede hacer porque el metal no se someterá a sus mejores técnicas.
Sigfrido sale de la cueva y Mime entra en un estado de desesperación, ya que las habilidades del enano no son lo suficientemente buenas como para reparar la legendaria espada. Un anciano Viajero (que realmente es Wotan disfrazado) aparece repentinamente y se presenta como el Caminante. A cambio de la hospitalidad debida a un invitado, él ofrece un concurso de acertijos en el cual cada uno presentará tres y aquel que pierda dicha prueba perderá su vida. Mime acepta el reto, con el propósito de deshacerse del invitado no deseado. El enano pregunta el nombre de las razas que viven bajo la tierra, sobre ella y en el firmamento. Wotan responde, correctamente, que son los nibelungos, los gigantes y los dioses. Mime le dice al Viajero que siga su camino, pero se ve obligado a jugarse su propia cabeza en tres acertijos más por romper las leyes de la hospitalidad. El anciano hace sus tres preguntas: ¿Cuál es la raza más amada por Wotan pero la peor tratada? ¿Cómo se llama la espada que puede derrotar a Fafner? ¿Quién puede forjar tal espada? Mime contesta a las dos primeras cuestiones: que la raza es la de los welsungos (Wälsungen) y la espada es Nothung. Sin embargo, Mime no sabe contestar a la última pregunta, pero Wotan le perdona la vida y le revela que «sólo aquel que no conoce el miedo» podrá reparar la espada, y agrega que, además, dicha persona tomará la vida de Mime.
Sigfrido regresa y se molesta por la falta de progreso de parte de Mime. Mime deduce que lo único que nunca enseñó a Sigfrido fue el miedo y que a menos que pueda instilarle temor, Sigfrido lo matará de acuerdo con la predicción del Viajero. Le dice a Sigfrido que el miedo es una habilidad esencial; Sigfrido se muestra ansioso por conocer dicha emoción y por lo tanto el enano le promete llevarlo ante Fafner, el dragón. Como Mime no puede forjar Nothung nuevamente, Sigfrido decide intentarlo por cuenta propia y tiene éxito al trocear el metal, fundirlo y forjarlo de nuevo. Mientras tanto, Mime prepara un veneno que usará para matar a Sigfrido en cuanto el joven haya derrotado al dragón. Después de que él acabe de forjar la espada, Sigfrido demuestra su fortaleza rompiendo con ella el yunque por la mitad.
Acto II
El viandante (Wotan) aparece ante la entrada a la cueva de Fafner, donde Alberich también se ha sentado a esperar al dragón. Los viejos enemigos se reconocen mutuamente y Alberich declara sus planes de dominar el mundo una vez el anillo le sea devuelto. Wotan afirma que su intención no es recuperar el anillo, sólo observar. Incluso se ofrece a despertar a Fafner de manera que Alberich pueda tratar con él. Sorpresivamente Wotan despierta a Fafner. Alberich advierte al dragón que un héroe se aproxima y este luchará contra el dragón, y se ofrece a impedir la lucha a cambio del anillo. Fafner no le da mucha importancia y se rehúsa a entregar el anillo a Alberich y termina durmiéndose nuevamente. Wotan y Alberich se retiran.
Sigfrido y Mime llegan a la cueva al amanecer. Mime decide mantenerse a distancia mientras Sigfrido se acerca a la entrada de la cueva. Mientras el guerrero espera que el dragón aparezca, ve un ave reposando sobre un árbol. Sigfrido juguetea con el animal e intenta reproducir su canto utilizando una flauta, pero le resulta imposible. Luego el héroe toca una balada utilizando su trompa, lo cual acaba de despertar a Fafner. Después de una breve conversación, Sigfrido y Fafner luchan entre sí y Sigfrido ensarta a Fafner justo en el corazón con la legendaria Nothung.
En el último momento de su vida, Fafner descubre el nombre de Sigfrido y le advierte de una traición. Cuando Sigfrido se prepara a retirar su espada del cuerpo del dragón, se quema con la sangre y por instinto pone su mano sobre su boca. Al probar la sangre de su contrincante, descubre que puede entender lo que el ave está cantando. Sigfrido sigue las instrucciones del pájaro del bosque y así adquiere el anillo y el Tarnhelm de entre el tesoro de Fafner. Fuera de la cueva, Alberich y Mime se pelean en voz alta sobre el tesoro. Alberich se esconde cuando Sigfrido sale de la cueva. Mime saluda a Sigfrido; éste se queja que aún no sabe qué es el miedo. Mime no deja de aprovechar la oportunidad y ofrece una bebida envenenada al héroe. Sin embargo, la sangre del dragón permite que Sigfrido lea los pensamientos del nibelungo y, por lo tanto, el guerrero acaba con la vida de Mime.
Alberich, observando desde fuera de escena, se ríe en voz alta de manera sádica. Sigfrido entonces arroja el cuerpo de Mime a la caverna del tesoro y coloca el cuerpo de Fafner en la entrada de la caverna para bloquearla también.
El ave canta sobre una mujer que yace sobre una roca, rodeada por una llama mágica. Sigfrido decide buscar a la mujer para ver si ella le puede enseñar algo sobre el miedo.
Acto III
El Viajero se encuentra en el camino que va hacia la roca sobre la cual yace Brunilda. Wotan llama a Erda, diosa de la tierra. Erda aparece, un tanto confundida, y es incapaz de ofrecer ningún consejo. Wotan le informa que ya no teme el fin de los dioses; de hecho, es su deseo. El legado de Wotan quedará en Sigfrido el welsungo, y su hija (de Erda y Wotan), Brunilda, "juntos para mejorar el mundo". Erda se retira a la tierra.
Sigfrido llega a donde se halla Wotan (quien aún está disfrazado como un Viajero) y el dios interroga al joven. Sigfrido no reconoce a su abuelo (Wotan es el padre de los padres de Sigfrido, Sigmundo y Siglinda) y sus respuestas son un tanto insolentes y empieza a caminar hacia la roca de Brunilda. El Viajero bloquea su paso, pero Sigfrido destruye la lanza de Wotan con un golpe de Nothung. Wotan recoge tranquilamente las piezas de su lanza y desaparece.
Sigfrido atraviesa el aro de fuego y se postra frente a Brunilda. Inicialmente cree que la figura corresponde a un hombre, pero una vez le quita la armadura, descubre que es una mujer. A la vista de la primera mujer que contempla, Sigfrido por fin experimenta el temor. Desesperado, acaba besando a Brunilda, lo cual la despierta de su sueño mágico. Dudando al principio, el amor por Sigfrido acaba de apoderarse de la valquiria, quien renuncia a todo lo relacionado al mundo de los dioses. Juntos, Sigfrido y Brunilda proclaman que portarán el amor y se reirán de la muerte.


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69 videos.- inserto el primero  Sigfrido.



Sinopsis  El ocaso de los dioses.-


Acto 1


En el cuadro primero el acto comienza en el palacio de los Guibichungos, una estirpe que habita junto al Rin. Alrededor de una mesa están Gunther, el rey de los guibichungos y su hermana Gutrune conversando con su hermano Hagen. Gunther, Gutrune y Hagen son hijos de la misma madre pero de diferente padre. Mientras que los dos primeros son hijos del rey Gibich, Hagen es hijo de Alberich el nibelungo. Por eso Gunther posee fuerza, valor, juventud, belleza, una tropa, sirvientes y vasallos, prestigio, buen nombre y una rica herencia, mientras que Hagen es un personaje siniestro, un guerrero fiero, espantoso, inteligente y astuto que continúa con la obra de odio de su padre y anhela la posesión del anillo maldito.
Gunther heredó la primogenitura y es aconsejado por su medio-hermano Hagen para tomar esposa y encontrar un marido para su hermana Gutrune con el objetivo de aumentar el brillo de su dinastía con ventajosas uniones.
Sugiere Brunilda como esposa para Gunther, la mujer más hermosa del mundo, que reside en una montaña rodeada de fuego; y a Sigfrido, el más famoso de los héroes, como marido para Gutrune.
Gunther no es capaz de franquear la barrera de llamas que protege a Brunilda, sólo Sigfrido puede lograrlo, por lo que necesitan que Sigfrido les traiga a Brunilda. Si Gutrune hiciera que Sigfrido la ame, entonces podría convencerlo de que traiga a Brunilda para Gunther.
Hagen da a Gutrune una poción, la bebida de amor, el filtro del olvido, para hacer que Sigfrido olvide a Brunilda y se enamore de Gutrune. Bajo su influencia Sigfrido podrá conquistar a Brunilda para Gunther. Los hermanos guibichungos ignoran que Sigfrido despertó a Brunilda y que se aman. Ambos desconocen que Sigfrido y Brunilda son pareja y que el único fin que persigue Hagen es recuperar el anillo para su padre.
La orquesta toca el leitmotiv de los guibichungos y las caracterizaciones instrumentales de Hagen, Gunther y Gutrune. Cuando aparece ella se opone un breve paréntesis luminoso en las oscuras tonalidades de la orquesta.
Sigfrido viaja por el Rin en una barca y ha oído muchas historias enalteciendo el poder y de la nobleza de los gibichungos. Su llegada se anuncia en la lejanía por los ecos de su cuerno de plata y se escucha la plena sonoridad de su leitmotiv, derivado del leitmotiv original de la espada pero en un modo más majestuoso.
Sigfrido se acerca y mientras se escucha el leitmotiv de la maldición de Alberich, Hagen lo saluda y le ofrece hospitalidad. La música tiene aires marciales.
Sigfrido llega al palacio de los guibichungos con el propósito de verse con Gunther. Mientras se retira Gutrune, entra Sigfrido, y dirigiéndose a los dos hombres, les pregunta cuál de ellos es Gunther, cuya fama ha oído ensalzar. Dice que viene a combatir o a ofrecer su amistad, que no puede corresponder a los ofrecimientos de Gunther con bienes ni vasallos porque sólo posee su acero y su persona pero que los pone a disposición de Gunther si este lo acepta. Entonces Gunther le da una cordial bienvenida.
Hagen le pregunta a Sigfrido sobre el tesoro forjado por los nibelungos y si Sigfrido se llevó el anillo. Sigfrido le contesta que al matar a Fafner, el dragón, desdeñó las riquezas guardadas por el monstruo. Sólo tomó como recuerdo un yelmo que lleva colgado en su cinturón y un anillo que entregó a una mujer sublime y divina. Hagen comprende que alude a Brunilda, pero Gunther no entiende y Gutrune no está presente en la escena.
Aparece Gutrune en escena para saludar a Sigfrido y ofrecerle una bebida de hospitalidad. Gutrune le hace beber el filtro de amor. Se escucha varías veces el leitmotiv de la traición. Ignorando la conspiración, Sigfrido bebe la poción, dedicando un recuerdo a su amada Brunilda, la cual se borra instantáneamente de su memoria. Sigfrido queda inmediatamente prendado de la bella Gutrune y le pide a Gunther que se la conceda por esposa.
Bajo la influencia del encantamiento, Sigfrido se ofrece a conseguir una esposa para Gunther, y éste le habla de Brunilda y del fuego mágico que le rodea. El Tarnhelm, yelmo cuya virtud mágica ha revelado Hagen, servirá para que Sigfrido tome la figura de Gunther engañando a Brunilda. Los dos amigos celebran un pacto de alianza, pronunciando su juramento de fidelidad, a la usanza de los antiguos germanos. Ambos se juramentan como hermanos de sangre. Hagen llena de vino un cuerno y los dos guerreros se hacen con sus espadas cortes en los brazos dejando caer la sangre en el vino que toman. Al mismo tiempo se escucha el leitmotiv de la maldición del nibelungo y el leitmotiv del pacto mientras Sigfrido dice que su espada es la garantía de su juramento: es el esperpento de los convenios que garantiza la lanza rota de Wotan.
Ambos juran que si alguno de ellos rompe el juramento, si un amigo traicionara al otro, las gotas de sangre que hoy tan solemnemente han bebido fluirán como ríos para matar al amigo y que lo que en gotas bebieron salga a torrentes del pecho del traidor. El juramento de Gunther y Sigfrido, ahora hermanos de armas, ofrece adecuado carácter acentuado por la fatídica enunciación del leitmotiv de la maldición, ante la cual también ellos habrán de sucumbir.
Sigfrido sale hacia la roca de Brunilda.
Se escucha un intermedio sinfónico que es la inversión de «El viaje de Sigfrido por el Rin». En vez de los alegres sones de la libertad y la confianza aparecen ahora los leitmotiven del héroe combinados con el leitmotiv sinuoso del anillo, el del pacto, el del odio de Hagen y la maldición del Nibelungo unida al amor de Brunilda. Se escucha el leitmotiv de la renuncia al amor. La música sintetiza la acción del drama y hace presentir que la ausencia de amor todavía existe en el mundo para causar males y víctimas.
En el cuadro segundo estamos nuevamente en la roca de las valkirias. Vemos a Brunilda absorta en la admiración del anillo, prueba ferviente del amor de Sigfrido. Besa el anillo. Espera impaciente el regreso de Sigfrido.
Un relámpago rasga las nubes. Se oye «La cabalgata de las valquirias». De pronto el rumor de un trueno y el leitmotiv de las valquirias anunciando la llegada de su hermana Waltraute, quien le cuenta como Wotan volvió un día de sus vagabundeos con su lanza rota.
Brunilda la recibe con mucha alegría. ¿Pero, cómo se atrevió su hermana, al ir a verla, a desobedecer el severo mandato de Wotan?
La imagen de Wotan es evocada por las palabras de Waltraute y por la música.
Waltraute le refiere que precisamente viene para intentar salvar a los dioses de la catástrofe que los amenaza. Desde que Wotan castigó a su hija, recorrió el mundo sin cesar como el Caminante, viajero solitario.
En el relato de Waltraute queda expuesta la renuncia de Wotan y su deseo de que el anillo sea devuelto, para liberación de hombres y dioses, a la vez que expone la decadencia divina y la desolación que envuelve al mundo del Walhalla.
Wotan se encuentra consternado con la pérdida de la lanza, dado que todos los pactos y acuerdos a que había llegado, todo lo que le daba poder, estaban inscritos en su mango.
Wotan encargó que le llevaran ramas del fresno del mundo, Yggdrasil, y fueron apiladas alrededor de Walhalla, envió a sus cuervos a espiar todo el mundo y a traerle noticias, y ahora se encuentra en Walhalla esperando el final. Mudo y sombrío, reina el soberano de los dioses. Las valquirias permanecen suplicantes a sus pies, pero el dios, indiferente, ni las mira.
Wotan ha renunciado ya a su ambición. El rey de los dioses, tras errante peregrinar, vencido por la irresistible espada de Sigfrido, sólo desea que la joya maldita, el anillo del nibelungo, que causa de tantas desventuras, sea restituida a las profundidades del Rin, para que cesen los efectos del anatema que pesa sobre el mundo.
Waltraute suplica a Brunilda que devuelva el anillo a las doncellas del Rin, dado que ahora la maldición está perjudicando a su padre, Wotan.
Su relato constituye una evocación musical de todas las escenas de Wotan, el Walhalla, el sombrío desaliento del dios, el ocaso que amenaza el anillo, la maldición de Alberich y se escucha melancólico el tema de la juventud de Freia, justo en el momento en que Waltraute dice que su padre ya no prueba las manzanas de oro del jardín de la diosa.
Pero Brunilda se niega a deshacerse de la prenda de amor de Sigfrido. Para ella el anillo es el testimonio del amor de su amante y responde que, aunque perezcan los dioses, ella no piensa entregar su anillo. Renunciar al anillo es renunciar a Sigfrido, pues desde que su amante la ha despertado, no tiene más sabiduría que el amor cuyo símbolo es el anillo. ¡Perezca el Walhalla y el mundo entero antes que renunciar al amor! Waltraute huye desesperada maldiciédola y se la ve correr sobre una nube de tempestad, acompañada por los relámpagos y el huracán. Se escucha el leitmotiv de la cabalgata de las valquirias de música de fondo.
Llega Sigfrido, que ha tomado la apariencia de Gunther usando el Tarnhelm, y reclama a Brunilda como esposa. Ella no lo reconoce y retrocede horrorizada ante la presencia de un desconocido. Aunque Brunilda se resiste con violencia, Sigfrido logra dominarla, arrebatándole el anillo y poniéndoselo él mismo en la mano. La voz de Sigfrido se escucha ronca, desconocida, diciéndole que se convertirá en la esposa de Gunther y Brunilda se desespera. Sigfrido invoca el acero de su espada como testigo de que respetará a la mujer, manteniéndose fiel a su hermano de armas. En ese momento se
Acto 2
Un preludio estridente y áspero en sus acordes, da comienzo al segundo acto, las notas sobresaltadas, síncopas, de la ira del Nibelungo indican claramente que la tenebrosa labor del mal no descansa. Estamos nuevamente en el palacio de los guibichungos.
A la izquierda corre el Rin entre grandes rocas, sobre tres de ellas hay altares consagrados, uno a Freia, otro a Fricka y el más elevado a Wotan.
El cuadro respira la grandeza ruda y primitiva de los antiguos germanos.Es de noche.
En el pórtico del palacio, con su lanza y su escudo, Hagen descansa como si estuviese dormido, pero con los ojos abiertos como un sonámbulo. Como si fuera la personificación de la conciencia de Hagen aparece la figura de Alberich inspirando en sueños a su hijo. Ante la insistencia de Alberich, Hagen jura hacerse con el anillo.
Sigfrido llega con el amanecer, habiendo recuperado en secreto su verdadera fisonomía e intercambiado su lugar con Gunther. Gutrune, quien sale para saludar al héroe, se regocija al saber que pronto llegará su hermano con la hermosa novia, casándose ella al mismo tiempo con Sigfrido.
Dejan solo a Hagen, quien convoca a los guibichungos para dar la bienvenida a Gunther y su prometida. Hagen llama a los guerreros y vasallos para que se apresten a recibir al rey. Se abren las puertas y acuden tumultuosamente, creyendo que son llamados a la explanada del palacio para combatir, pero en seguida prorrumpen en exclamaciones de alegría al saber que van a festejarse las bodas del soberano y las de Gutrune. Trompas internas con reiterados llamados y la grandiosa presencia de los guerreros conforman un episodio de imponente solemnidad.
Gunther llega con una desolada Brunilda. Los vasallos los aclaman mientras el rey avanza llevando de la mano a la novia, con aspecto triste y sin levantar la vista del suelo. Sigfrido y Gutrune salen a su encuentro. En ese instante Brunilda alza los ojos y se queda estupefacta al divisar Sigfrido entre los presentes. Queda horrorizada y llena de estupor al ver a su Sigfrido. A punto de desfallecer de angustia, Sigfrido la sostiene y entonces Brunilda ve que el héroe lleva el anillo en su dedo. Al ver el anillo en la mano de Sigfrido, concluye que ha sido traicionada.
Brunilda, despechada, declara ante todos que Sigfrido ha sido su amante. La conmoción es tremenda. Sigfrido, que la había respetado durante el tiempo transcurrido desde el despojo del anillo hasta la sustitución de él por el verdadero Gunther, jura su inocencia.
Entonces Hagen presenta su lanza para que el héroe jure sobre el arma que fue leal, Sigfrido jura que si no es verdad lo que dice, si lo que dice Brunilda es cierto y él ha deshonrado a su hermano la espada por la que está jurando debe atravesarlo. Sigfrido no lo sabe, porque no recuerda nada gracias al berbaje mágico que le dio Gutrune, pero en ese momento está firmando su sentencia de muerte. Este juramento, y esta lanza, serán fatales para él. En este momento se escucha el leitmotiv del juramento, que es una transformación del leitmotiv de la espada, pero ésta vez aparece como un conflicto entre el intervalo de quinta ascendente y el intervalo de quinta descendente.
Sigfrido, abrazando a Gutrune, penetra en el palacio seguido de las mujeres y de los guerreros, entre los brillantes sones de las bodas. Brunilda, Gunther y Hagen se quedan solos.
Hagen les sugiere a los otros dos traicionar a Sigfrido. Abochornado y avergonzado, Gunther aún vacila: Sigfrido es su hermano de armas, han hecho un juramento juntos, no puede creerlo. Brunilda, ahora mujer engañada, exige una venganza expiatoria para el deshonor que ha sufrido. Profundamente avergonzado por la acusación de Brunilda, Gunther decide, por sugerencia de Hagen, que Sigfrido tiene que morir para que él recupere el honor.
Los tres deciden a confabularse para asesinar a Sigfrido. Brunilda, viendo la oportunidad de vengarse de la traición de Sigfrido confiesa a Hagen cuál es el único punto débil de Sigfrido. Ella usó sus poderes mágicos para hacerlo inmune a las armas. Solamente podría ser herido por la espalda, pero como no es un cobarde y jamás huye del enemigo, nunca le vuelve la espalda a éste. Ella, convencida de que un héroe tan grande nunca daría la espalda al enemigo, dejó los hombros libres del sortilegio.
Al conocer éste dato, Hagen forma un plan, y propone a Gunther, abismado en su dolor y vergüenza, que Sigfrido sucumba en una cacería. El rey duda todavía en ser desleal a su hermano de armas. Al final él también se decide, y los tres personajes se conjuran para que perezca Sigfrido. Hagen jura en nombre de Alberich, padre de los genios de la noche, y queda así unido a las profundidades de la tierra. En cambio Gunther y Brunilda juran en nombre de Wotan, el soberano de los dioses, dios de la guerra.
Hagen y Gunther deciden llevar a Sigfrido de caza y asesinarlo. En la imponente escena final se escucha el leitmotiv del Walhalla, como sombría advertencia y el leitmotiv dominante.
Acto 3
En el cuadro primero, en los bosques de la ribera del Rin, las doncellas del Rin se lamentan por la pérdida del oro. Las hijas del Rin recuerdan el oro que custodiaban en otro tiempo, ahora están tristes y oscuras, serían felices si alguien pudiera devolverles el oro, que les fue robado un día. El sonido lejano de un cuerno les anuncia que se aproxima un cazador. Ellas se alejan y en la orilla boscosa aparece Sigfrido, separado de su partida de caza, que se perdió persiguiendo a un oso.
Las doncellas del Rin le piden con vehemencia que devuelva el anillo en el río y así podrá evitar su maldición, pero él ignora sus vaticinios de desdicha. Sigfrido rehúsa desprenderse de la joya que conquistó al dragón Fafner y su negativa provoca burlas y censuras en las ninfas, que se hunden otra vez en la corriente. Para atraerlas nuevamente Sigfrido dice estar dispuesto a darles el anillo, pero ellas lo rechazan diciendo que el anillo está maldito y que le procurará una terrible desgracia. Sólo las aguas del Rin podrán purificar el oro y librar al mundo de la maldición. Sigfrido desprecia el peligro, no tiene nada que temer.
Ya Fafner le anunció el anatema y si por las delicias del amor cedería el anillo, jamás lo entregaría por miedo. Si tuviera que vivir esclavizado por el temor, arrojaría su vida como un puñado de tierra al viento. Además, si las Nornas, según le anuncian las doncellas del Rin, tejieron su muerte en el hilo de la vida, su espada Nuevo Nothung, que partió una lanza sagrada, cortará también el hilo de la fatalidad. Con gusto cedería este anillo que le da el dominio del mundo, a las delicias del amor, pero nunca ante amenazas de la muerte. Las doncellas del Rin se alejan nadando y predicen que Sigfrido morirá y que su sucesora, una dama, les dará un trato más justo.
Los cazadores, que buscaban a Sigfrido por el bosque, le llaman a gritos y Hagen hace resonar su cuerno, al que Sigfrido responde con su toque de caza. Sigfrido se reúne de nuevo con los cazadores, incluyendo a Gunther y Hagen. Los cazadores se disponen a descansar en aquel fresco paraje, mientras Sigfrido, riendo, les cuenta que las doncellas del Rin, hijas del Rin, ondinas, ninfas del río, acaban de predecirle su inmediata muerte, pero él, para distraer a sus compañeros, les propone referirles sus proezas juveniles.
Mientras descansan, narra las aventuras de su juventud. Cuenta como fue criado por el nibelungo Mime, y como él mismo se forjó su fuerte espada, Nuevo Nothung, con la cual mató al monstruo y unas gotas que absorbió de la sangre del dragón obraron la maravilla de hacerle comprender el lenguaje de las aves del bosque.
Hagen le da a beber una poción que hace desaparecer los efectos del bebraje que le dio Gutrune y le hace volver la memoria. En ese momento suena el leitmotiv del amor de Brunilda, mientas la bebida devuelve a Sigfrido el recuerdo de Brunilda, borrado por el anterior filtro mágico. Cuenta como el pájaro del bosque le reveló la existencia de una hermosa mujer que se hallaba en una montaña rodeada de fuego, como corrió hasta ella, despertó a Brunilda y la hizo suya. Este fue el premio a su valor.
De pronto, dos cuervos salen de un arbusto, describen un círculo sobre Sigfrido y vuelan después hacia el Rin. Son los Cuervos de Wotan. Hagen pregunta a Sigfrido si comprende también el graznido de aquellas aves y, al volverse Sigfrido a contemplarlos, Hagen aprovecha para clavar su lanza en la espalda de Sigfrido, diciéndole que le están pidiendo venganza.
Sigfrido levanta su escudo para defenderse, pero no lo logra y cae pesadamente al suelo, mientras que se escucha, muy fuerte y estridente, su vigoroso leitmotiv, seguido de unos acordes terribles y violentos como la fuerza del héroe que se desploma. Los otros cazadores quedan horrorizados mientras Hagen, con calma se aleja dentro del bosque. Gunther, acercándose, se agacha, profundamente dolorido, al lado de Sigfrido. Los hombres rodean compasivamente al moribundo.
Desfalleciendo, en sus últimas palabras recuerda a su amada Brunilda. Se escucha el leitmotiv del despertar de Brunilda mientras Sigfrido canta a la novia divina. Sigfrido muere recreándose en sus recuerdos de Brunilda. La música es siniestra y lúgubre. Le pide a Brunilda que despierte y abra sus ojos.
Gunther escucha con asombro y angustia crecientes y empieza a comprender la pérfida maquinación del malvado Hagen. Sigfrido fallece mientras cae la noche, pues cada vez que desaparece Sigfrido desaparece la luz del sol. A una indicación de Gunther sus guerreros levantan el cuerpo de Sigfrido y lo llevan afuera, lentamente, en solemne cortejo por las rocosas alturas. El cadáver es transportado en un solemne cortejo fúnebre. En ese momento se escucha la música popularmente conocida como la «Marcha fúnebre de Sigfrido».
Desde el Rin se levanta una niebla que llena poco a poco todo el escenario, por lo que la comitiva fúnebre se va volviendo gradualmente invisible hasta desaparecer. Se escuchan al mismo tiempo todos los leitmotiven que durante cuatro jornadas se relacionaron con la vida de Sigfrido. Cuando expira, reina un imponente silencio y aumenta un leve redoble de timbales, pianísimo, y los lúgubres sones de las trompas y tubas elevan en la orquesta el triste leitmotiv de los amores contrariados de los padres de Sigfrido, los mellizos welsungos. Sigfrido perece como víctima del odio y con su sacrificio precipita el final del mundo mítico.
Este es el segundo interludio sinfónico que une al primer cuadro con el segundo cuadro del tercer acto, mientras los vasallos de Gunther conducen el cadáver del héroe hacia el palacio de los guibichungos.
En el cuadro segundo estamos de nuevo en el palacio de los Guibichungos, Gutrune espera el regreso de Sigfrido. Entra Hagen encabezando la procesión fúnebre. Gutrune reacciona con una profunda desesperación al ver a su prometido muerto. Hagen anuncia que el héroe ha sido víctima de un jabalí. Gutrune, desesperada, se precipita sobre los restos mortales de su esposo. Gunther intenta consolarla, pero ella le acusa de haber dado muerte a Sigfrido. Gunther condena el asesinato de Sigfrido a manos de Hagen, y este replica que Sigfrido había faltado a su palabra, y reclama el anillo que Sigfrido lleva en la mano como derecho de conquista. Cuando Gunther lo rechaza, Hagen lo ataca y asesina. Gutrune grita con horror al caer Gunther. Todos permanecen paralizados por el terror. Hagen va a tomar el anillo del cadáver de Sigfrido, pero la mano de Sigfrido se levanta amenazadora. Todos retroceden despavoridos, al tiempo que de la orquesta surge el leitmotiv de la espada victoriosa de Sigfrido.
En ese momento aparece Brunilda, lenta y majestuosamente, aludiendo a su pasado de valquiria. La muerte de Sigfrido le ha devuelto la videncia que había perdido con el amor. Ahora comprende claramente lo sucedido. La traición fue efecto de la magia pérfida.
Gutrune, fuera de sí, le hecha en cara a Brunilda haber exhaltado a los guerreros para que mataran a su esposo. Le dice que la envidia la corroe, que ella les trajo esta tragedia ,la acusa de haber vuelto a los hombres contra él y lamenta que haya venido a su palacio.
Brunilda le dice severamente que se calle, que ella no fue más que su amante, su concubina, que sólo la valquiria fue su legítima esposa. Gutrune, sollozando, maldice a Hagen. Llena de pesadumbre se deja caer sobre el cuerpo de Gunther. Permanecerá inmóvil hasta el final.
Hagen está de pie en el lateral opuesto, apoyado desafiante en su lanza y escudo, sumido en sombríos pensamientos. Brunilda, sola en el centro, después de haber estado largo rato contemplando a Sigfrido, se da vuelta con solemnidad hacia los súbditos de Gunther.
Brunilda y da órdenes para que se eleve una pira funeraria junto al río, adornada por las mujeres con lienzos, ramajes y flores. En ese momento se escucha en palpitantes acordes el leitmotiv del poder de los dioses, que es una transformación del leitmotiv de la lanza de Wotan, pero esta vez la escala menor ascendente se separa de su inversión, la escala menor descendente.
Brunilda se despide tiernamente de los restos mortales de Sigfrido, expresando cuán grande ha sido su amor y su sufrimiento. Al mismo tiempo reconoce en su padre, Wotan, al único culpable de la catástrofe. Todo es responsabilidad de la maldición que Alberich echó sobre Wotan cuando el rey de los dioses le robó su anillo de oro. Brunilda proclama que la estirpe divina va a perecer, y dirige a Wotan su último saludo, responsabilizando a su padre de todo lo sucedido.
Brunilda cumple la voluntad de Wotan, no aquella voluntad primera de la conquista heroica del universo, sino su voluntad de aniquilar toda voluntad. Al traicionarla Sigfrido, ella recuperó el poder de sabiduría que había perdido al convertirse en una mujer enamorada.
Brunilda toma el anillo y se dirige a las hijas del Rin, diciéndoles que lo tomen de entre las cenizas, que el fuego purificará al anillo de su maldición mientras que las doncellas del Rin en el agua lo disolverán y, con cuidado, protegerán ese oro brillante que tan vilmente les fuera robado.
Ella desea extinguirse en el fuego con el anillo puesto como alianza de bodas. La valquiria envía a los cuervos de Wotan con su dueño, en vuelo de mortal retorno al Walhalla para que le llevan las «noticias tanto tiempo esperadas». Les ordena que pasen junto a su roca. En la orquesta crepita y surge con inusitada brillantez el leitmotiv del fuego, que se presenta con sonoridades cada vez más intensas. Les dice a los cuervos que anuncien a Wotan todo lo que han visto y que le digan a Loge que abandone la montaña de Brunilda y vaya al castillo de los dioses a quemarlo todo. Invoca a Loge, el dios del fuego, para que las llamas, que han de consumir el cuerpo de Sigfrido y el de ella misma, asciendan al Walhalla.
El mundo va a redimirse por el amor, única fuente de felicidad. Por la grandeza de ese amor ella se sacrificará junto al héroe querido. No se halla la felicidad en las riquezas ni en el oro, ni en la magnificencia ni en el poderío, ni en los lazos con que nos atan a traidores pactos. La dicha está en la alegría y en el llanto sólo nos proporciona el amor.
Se prepara el imponente final, popularmente conocido como la «Inmolación de Brunilda». Ella misma prende fuego a la pira. Ahora la pira arde en llamas. Se escucha el leitmotiv de Loge. El poder ha sido disuelto para mayor gloria del amor. Brunilda monta su caballo Grane y cabalga en el fuego.
Lo que sigue es quizás una de las escenas más difíciles de realizar para un director de escena en toda la historia de la ópera: el fuego se eleva mientras el Rin se desborda de su cauce, llevando las doncellas del Rin sobre las ondas. Hagen desaparece entre las aguas. Las doncellas del Rin huyen nadando, llevando el anillo en triunfo. El palacio de los Guibichungos se colapsa. A medida que las llamas crecen en intensidad, el Walhalla empieza a verse en el cielo. El oro mágico libera al mundo del anatema, poniendo fin al reino de los dioses y de la fantasía. Tanto el señor del mundo como las demás deidades refugiados en las desoladas alturas del palacio, esperan ahora el implacable final. Todo el Walhalla es una gigantesca antorcha.
En escena vemos a Wotan, en lo alto, mudo. A lo lejos parece incendiarse el cielo. Brillantes llamas parecen alcanzar el palacio de los dioses, en el que pueden verse estos, que desaparecen poco a poco de la vista. Arde el Walhalla y perecen los dioses.
Se cumple la profecía de Erda, la sabia madre de la tierra, quien predijera a Wotan las fatídicas consecuencias de la posesión del anillo maldito. Si Alberich renegó del amor en aras del poder, al inicio del ciclo, Brunilda completa el círculo en su final anunciando que el poder ha sido disuelto para mayor gloria del amor. Cuando Sigfrido, Brunilda, Hagen y todos los demás han desaparecido, el héroe supremo de la tragedia, Wotan, aparece de nuevo, inmóvil, sentado en el elevado sitial, sonriendo eternamente, una vez más, por última vez, mientras el incendio se extiende y los dioses, el Walhalla y el mismo Wotan, con todos sus sueños y sus pensamientos, son consumidos por las llamas del fresno del mundo.
Se escucha el leitmotiv de la redención por el amor, que cantó por primera vez Siglinde al conocer que llevaba en su seno la semilla de Siegmund. Luego, el río Rin, sosegado, torna a su cauce. Dioses y héroes perecen ante el inexorable poder del anatema que culminará con el aniquilamiento total. Los dioses han corrompido el mundo desde el principio y perecen por su propia voluntad de poder.
El remate sinfónico es una vasta recapitulación en la cual se reúnen todos los leimotiven relevantes, las cadencias, las tonalidades y los fragmentos de formas y hasta detalles de orquestación que regresan para resumir esta gran parábola de la existencia humana que es El anillo del nibelungo.
Cae el telón.

 Enlace obra completa.- 69 videos inserto el primero. El ocaso de los dioses.
http://www.youtube.com/playlist?list=PLA8F410960AF512A3



Personajes de El anillo del nibelungo

Fuente Wikipedia,


Personajes de El anillo del nibelungo es una compilación de los personajes que aparecen en la tetralogía wagneriana. El anillo del nibelungo consiste en cuatro obras escritas con el propósito de que cada una de ellas forme una sucesión de hechos que a su vez forman un conjunto. La obra completa comprende un ciclo de cuatro óperas: un «prólogo» y tres «jornadas», ciclo al que Wagner dedicó más de veinticinco años de su vida.

Índice


Hasta pronto.-



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