jueves, 29 de noviembre de 2018

CONCIERTO ABONO A4 ORQUESTA CIUDAD DE GRANADA VIERNES 30 NOVIEMBRE 2018


DON CHISCIOTTE EN CÁDIZ

viernes 30 noviembre 2018 / A4
Auditorio Manuel de Falla, 20:30 horas
Manuel GARCÍA
El poeta calculista, obertura
El majo y la maja (Tonadillas)
Saverio MERCADANTE
Don Chisciotte alle nozze di Gamaccio, obertura
Dueto de Basilio y Chiteria (de Don Chisciotte alle nozze di Gamaccio)
Juan Crisóstomo de ARRIAGA
Sinfonía en Re mayor (para gran orquesta)
RUTH ROSIQUE soprano
JUAN DE DIOS MATEOS tenor
ANDREA MARCON director

Fuente : Centro de documentación músical

Manuel del Pópolo Vicente García (1775 - 1832)



El 21 de enero de 1775 nace en Sevilla Manuel del Pópulo Vicente Rodríguez Aguilar, más conocido como Manuel García. De su familia, infancia y formación musical poco se conoce, únicamente aquellos datos aportados por él mismo, que aseguraba haber estudiado con Antonio Ripa, Maestro de Capilla de la catedral de Sevilla y con Juan Almarcha, teclista y violonchelista.
En 1791 se traslada a Cádiz, donde conoce a Manuela Morales Pacheco, hija de una familia de actores y actriz también, que se convertirá en su primera esposa. En 1978 se trasladan juntos a Madrid donde entran a formar parte de la compañía de Francisco Ramos. Desde el comienzo de su carrera compagina su labor de intérprete con la de compositor de canciones, tonadillas escénicas y otras obras dramáticas. Desde 1799 y hasta 1807, forma parte de la Compañía del Teatro de los Caños del Peral, actividad que se vio interrumpida por una estancia en prisión, al parecer por un altercado en el Teatro del Príncipe, que inspiró su primera opereta: El preso. La opereta, género importado de francia, respondía a la prohibición de interpretar obras en otro idioma que no fuera el castellano y pone en relieve el interés del autor por desarrollar una verdadera ópera nacional. En 1804 se estrena la ópera en un acto El criado fingido, cuyo polo: "Cuerpo bueno, alma divina" se hizo muy popular e inspiró a Bizet para la composición del preludio del cuarto acto de Carmen, el cual se publicó en el extranjero en versión para canto y piano. En 1805 se estrena la ópera-monólogo en un acto El poeta calculista, en la que el tenor hacía gala de su dominio técnico. Uno de los números, "Yo que soy contrabandista", fue considerado un himno a la libertad por literatos como Victor Hugo y George Sand e inspiró a compositores de la talla de Franz Liszt y Robert Schumann. El éxito de la obra de debe en buena parte a que no era una simple traducción sino una obra original y española, en su temática, estilo y concepción.
En su debut parisino alaban su voz, calificada de "agradable, flexible y precisa", aunque poco potente. En 1811 se traslada a Italia, donde actúa en los teatros de Milán, Nápoles y por último en Roma. Gracias a las lecciones de canto de Anzani y su experiencia en Italia su voz había ido tornándose más potente y había mejorado su presencia en el escenario, lo cual le va a permitir seguir cosechando éxitos a su regreso a París.
En 1818 se marcha a Inglaterra donde representa con éxito Il barbiere de Rossini en Londres, además de La clemenza di Tito y die Zauberflöte. A finales del año siguiente vuelve a París donde interpreta por primera vez el Don Giovanni, obteniendo uno de sus mayores éxitos y contribuyendo a la popularización de Mozart entre los románticos.
Fundó una escuela de canto que le convertiría, según Fétis, en uno de los profesores más distinguidos del siglo XIX, extendiendo su magisterio hacia tierras inglesas en la academia de su casa de Piccadilly, y con la publicación de su método de canto por la editorial Boosey. En 1825, por mediación de Giuditta Pasta, obtuvo una invitación para ir a Nueva York a dirigir una compañía de ópera en el Park Theatre. Aceptada la invitación, el tenor se traslada junto a su familia (su segunda esposa Joaquina Briones y sus hijos Manuel y María) con quienes ofrece la ópera de Rossini Il barbieri di Siviglia. El público queda encantado por su voz y sobretodo por la de su hija María, en la que fuera la primera representación de una ópera en italiano en Estados Unidos. El éxito obtenido movió a Lorenzo Da Ponte, el libretista de Mozart, quien se encontraba allí impartiendo clases, a animar a Manuel García en la representación de Don Giovanni. Las óperas representadas tenían una amplia acogida, sin embargo sus obras propias no obtuvieron el éxito esperado y ante las dificultades financieras de la compañía decidieron marchar a México. El país atravesaba un momento de fuerte sentimiento antiespañol, pero a pesar de la expulsión decretada para los españoles, a él y a su familia se les permitió permanecer y seguir representando sus obras. Considerado como símbolo o como amenaza, se vio involucrado en un ambiente político cada vez más convulso, que le obligaría finalmente a regresar a París.
A su vuelta a París, fue recibido calurosamente, y su actuación en Don Giovanni fue el evento más esperado de la temporada de 1829. Sin embargo su voz estaba algo mermada y la fatiga le impidió terminar la temporada. En 1831 ofrece la última representación junto a sus hijos y algunos de sus discípulos en Teatro Tivoli en París y en 1832 falleció después de una enfermedad.

La familia García forma parte de la mitología del siglo XIX. Pocas veces en la historia tantos miembros de una misma familia se han hecho acreedores de un sitio en el Olimpo de la fama: Manuel del Pópulo García, sus hijas María Malibrán y Pauline Viardot y su hijo, Manuel Patricio García, gran profesor de canto. 
Han pasado demasiados años antes de que la musicología se haya ocupado de la obra del padre de esta saga de personalidades musicales y creador insigne de músicas que esperan su recuperación. Este libro de James Radomski viene desde luego a mejorar la situación, pero aún queda por recuperar la obra de un compositor cuya aportación fue más allá de su mítica fama como tenor. 


Manuel del Pópolo Vicente García es una personalidad central de la música del siglo XIX español e internacional. Autor de célebres óperas e intérprete favorito de Rossini, promotor de la cultura musical en Nueva York e impulsor de la moda hispana en Francia.
La celebración del IV Centenario de Don Quijote y los trabajos de recuperación de algunas obras de Manuel García, nos han permitido rescatar una ópera muy poco conocida, Don Chisciotte, estrenada en 2005 en el Teatro de Tomelloso de Ciudad Real. La edición que sale ahora a la luz, realizada por Juan de Udaeta, es el fruto de la colaboración entre el
ICCMU y el Centro de Documentación de Andalucía y supone un acto de justicia con uno de nuestros grandes creadores, además de contribuir a difundir el patrimonio musical andaluz.

El majo y la maja (Tonadillas)

ENLACE:





ENLACE: El Poeta Calculista obra completa


Sobre el operista Saverio Mercadante

El operista Saverio Mercadante fue un prolífico compositor de ópera del siglo XIX, y un gran influyente en sus días debido a sus óperas “reformadas” de 1840. Su reacción frente a la masividad del estilo Bel Canto y los efectos de la grand ópera, Saverio se contuvo decididamente de estas dos tendencias para conseguir un drama escénico mucho más impresionante. Estas reformas fueron críticas para el tipo de óperas que Verdi ejerció a comienzos de su carrera.
El compositor lírico nació en Nápoles y estudió con Niccolò Zingarelli entre 1816 y 1820. Sus primeros trabajos, en mayoría, fueron para conjuntos instrumentales, pero ya hacia 1819 comenzó a componer algunas óperas. Saverio se hizo conocer en toda Italia por su séptima ópera titulada, Elisa e Claudio; esta era una ópera buffa al estilo de Rossini. De 1829 a 1830, vivió en España y Portugal, donde continuó su carrera como compositor.
Durante su estancia no se le encargó ninguna obra de gran tamaño, por lo cual decidió volver a Italia. Tres años después de su regreso aceptó el cargo de maestro di capella en la Catedral de Novara (puesto que ocupó hasta 1840), y fue entonces cuando el autor reconsideró encaminarse hacia el mundo de la ópera. Su estilo “reformado” comenzó con su ópera más famosa, Il giurnamento.
En este trabajo evitó cualquier efecto que no enriqueciera directamente al drama, y con gran determinación, varió las formas empleadas en dichas piezas. Tales restricciones autoimpuestas, formaron parte del estilo de Mercadante durante el resto de su carrera.
En 1839 Saverio se convirtió en director del Liceo Musicale de Bologna, y en 1840 se le ofreció el puesto que había estado ocupando en Nápoles su maestro Zingarelli. Aceptó la oferta y permaneció allí por el resto de su vida. Mientras que las composiciones del último período de su carrera fueron disminuyendo, fueron, sin embargo, impresionantes para el mundo de la lírica posterior.
Durante un tiempo Verdi estuvo asociado con Mercadante, pero ambos se diferenciaron claramente, desde que Saverio ayudó al joven compositor a seleccionar los cantantes para la producción de Macbeth, en Nápoles en el año 1848. Pronto la carrera de nuestro lirista se vio eclipsada por la de Verdi y el dramatismo que el joven compositor perseguía fue considerado más efectivo que el suyo propio. A pesar de que la reputación de Saverio Mercadante declinaba, sus óperas seguían siendo interesantes debido a la calidad de su música. Fue también un compositor de música religiosa y dichas composiciones fueron consideradas dentro de su elegante y refinado estilo.
FUENTE: PianoMundo Opera


La relación con España y su cultura del compositor italiano Saverio Mercadante (Altamura, 1795-Nápoles, 1870) desde tres perspectivas: sus estancias en España como maestro director y compositor de los teatros de Madrid y Cádiz; el estudio de las obras líricas realizadas sobre el Quijote que se le atribuyen, en ocasiones falsamente; y un análisis de su ópera buffa en un acto, Don Chisciotte alíe nozze di Gamaccio, estrenada en febrero de 1830 y dedicada al pueblo de Cádiz.
El tiempo en que Mercadante estuvo en España se encuadra entre 1826 y 1831, y permite una mirada sobre la actividad lírica de esta época, en que, de la mano especialmente de Rossini, cuya obra programó Mercadante incluso más que la suya propia, se produjo aquel fuerte resurgir de la afición a la ópera conocido como "furor filarmónico". Igualmente interesante es el acercamiento a Don Chisciotte alíe nozze di Gamaccio, primera ópera sobre el personaje cervantino escrita en España, en la que Mercadante, al aunar el sólido legado compositivo de su Italia natal con distintos motivos tópicos de la música española, se convierte en pionero de la posterior corriente nacionalista, específicamente en el marco referencia) de nuestro máximo exponente literario, el Quijote de Cervantes.
Don Chisciotte es una ópera en dos actos del compositor español Manuel Garcia estrenada alrededor
 de 1826 y basada en los capítulos XXI al XXVIII de la primera parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha-. Se desconoce el autor del libreto; para algunos estudiosos sería el mismo Manuel García.
Argumento

Sancho Panza entra en una venta en la que se encuentran Ferulino y Rapidelo (El Cura y El Barbero)
Ambos urden una estrategia para atraer a Don Quijote. Sancho engañado parte en busca de su señor para informarle que el gigante Panfilón ha usurpado el reino de la
 princesa Micomicona.
Llegan a la venta Fernando y Lucinda. Lucinda se enamora de Cardenio y rechaza a Fernando. Don Quijote y Sancho
 llegan a la venta y son burlados por Dorotea disfrazada de princesa Micomicona. Poco después Fernando y Cardenio
 se enfrentan por el amor de Lucinda mientras Don Quijote intenta evitar el enfrentamiento.
 El acto termina con el Auditor que entra en la venta con orden de detener a Fernando.
En el segundo acto Don Quijote libra una gran batalla contra unos odres de vino que el cree son el  gigante Panfilón,
 Dorotea se reúne con Fernando y Lucinda con Cardenio. Los cuatro amantes  reconciliados zanjan sus disputas.

Sancho Panza descubre que está siendo víctima de un engaño, se lo comunica a Don Quijote el cual enojado trata
 de matarlo.
El acto termina con la celebración de un banquete durante el cual Ferulino consigue por fin reducir a Don Quijote y enjaulado para transportarlo de vuelta a su casa y lograr que
 cure de su locura.

Don Chisciotte alle nozze di Gamaccio, obertura
Opera completa



Juan Crisóstomo Arriaga nació en Bilbao el 27 de Enero de 1806. Juan Simón de Arriaga, su padre y organista de profesión, le instruyó desde pequeño en el complejo arte de la música. Al mostrar grandes aptitudes, no tardó en buscarle un profesor a la altura de las circunstancias, encontrando a Faustino Sanz, un popular virtuoso violinista de la época. Poco después, con tan solo once años, compondría su primera obra, un octeto titulado “Nada y Mucho“.
Tan sólo dos años más tarde, a la edad de trece años, compuso su primera ópera “Los Esclavos Felices“. Ésta sería interpretada por primera vez en Bilbao en 1820, consiguiendo un rotundo éxito. Esto hizo que su padre tomase la decisión de mandarlo a completar sus estudios al conservatorio de París cuando Arriaga tan sólo tenía 15 años.
En París se rodeó de grandes músicos de la época, siendo instruido en el violín por Pierre Baillot, en armonía por François-Joseph Fétis y en contrapunto por Luigi Cherubini. Tres años más tarde de su llegada al conservatorio, Fétis lo nombró profesor colaborador en sus clases de Armonía.
Durante estos años de estudio, continuaron sus composiciones, siendo la primera obra escrita en París “Et vitam venturi“, una fuga a ocho voces. Después compondría tres cuartetos de cuerda que se llevarían los elogios de Fétis, así como otras muchas composiciones menores.
Al comenzar el año 1826, Arriaga contrajo una afección pulmonar, a causa de la que murió el 27 de Enero de 1826, con tan sólo 19 años. A su muerte, un baúl fue enviado a la casa de su padre en Bilbao conteniendo su violín y algunos manuscritos con parte de su obra, y fue dejado en un desván donde permaneció años abandonado. No fue hasta 1869 que uno de sus descendientes, Emiliano de Arriaga, involucrado en el movimiento nacionalista vasco recuperó su obra, y junto a la creación del Teatro Arriaga y la comisión permanente Arriaga, consiguieron relanzar su nombre y obra.
Únicamente se tiene constancia de que compusiera un total de 23 obras, de las cuales gran parte se perdieron y algunas se conservan en el teatro Arriaga sin haber sido publicadas. Su estilo musical yace a medio camino entre la tradición clásica de Haydn o Mozart, y el romanticismo de Rossini y Schubert, mostrando también frescura y cierta innovación.


HASTA PRONTO

domingo, 18 de noviembre de 2018

UNA HORA DE CÁMARA AUDITORIO MANUEL DE FALLA ORQUESTA CIUDAD DE GRANADA DOMINGO 18 NOVIEMBRE 2018



18/11/2018 a las 12:00 h.

Homenaje a Claude Debussy, con motivo del aniversario de su muerte

Ernesto Halffter: Danza gitana para violín y piano
Claude Debussy: Romanza
Gabriel Fauré: Dolly, Berceuse
Claude Debussy: La puerta del vino, para piano solo
Gabriel Fauré: Quatuor nº1 para piano y trío de cuerda en Do menor, op.15 Allegro molto moderato
Scherzo: Allegro vivo
Adagio
Finale: Allegro molto

Atsuko Neriishi, violín. Donald Lyons, viola. Arnaud Dupont, violoncello. Juanjo Mudarra, piano.


Fauré Piano Quartet No. 1 en Do menor. Aunque no es conocido por su música de cámara, Gabriel Fauré logró manejar el problema del cuarteto de piano de manera magnífica. En lugar de tratar de imitar el sostenido de las cuerdas en el piano, Fauré deja que el piano haga lo que mejor hace el instrumento: barrer arpegios y controlar el movimiento armónico. El piano de Fauré también toma la iniciativa en el complejo hipermetro, en el que los ritmos débiles se desplazan con tanta frecuencia de las líneas de barras que parecen desaparecer, un sello del estilo del compositor

Una declaración energética de las cuerdas de unísono abre el cuarteto. Después de fluir a través del tema secundario y el desarrollo, vuelve el motivo de apertura, pero esta vez en el mayor paralelo. Charles Koechlin, un estudiante de Fauré, escribió sobre este movimiento: "¿Se justifica que uno transforme así un tema 'masculino' - en metamorfosearlo en una especie de memoria brumosa, en pensamientos nostálgicos y arrepentimientos amorosos? Pero, ¿por qué no? si se hace bien? "

 El segundo movimiento Scherzo se abre con rasgueos suaves de pizzicato, seguidos poco después por un tema lúdico en el piano. Una dualidad de metros es una lucha central en todo el movimiento: el tema se escucha primero en metros compuestos, pero esto pronto se yuxtapone contra el simple 2/4.

 El Adagio muestra la manera más íntima de Fauré. El musicólogo Robert Orledge describe este movimiento como "contemplativo y hermoso, alternativamente sereno y poderoso, [que exige] la máxima concentración del artista y del público".

 En 1884, Fauré reescribió el final "de pies a cabeza", descartando toda o casi toda la música que había escrito. Poco antes de su muerte, se tomó la molestia de destruir lo que quedaba del final original. Incluso si el oyente encuentra que los finales de Fauré están llenos de demasiada "coquetería", como lo expresó un crítico, la dificultad de la música aún sorprenderá. Ciertamente, el amplio rango dinámico del piano, tan característico de Fauré, con repentinos crescendos rápidos y oleadas cortas e intensas, se puede escuchar en todas partes. Incluso Liszt, después de que intentara tocar una pieza para piano de Fauré, exclamó: "¡Me he quedado sin dedos!" y lo declaró "demasiado difícil". - Notas del programa por Louis Cruz


Piano Quartet No. 1 in C Minor, Op. 15 (1879, revised 1883) -- Gabriel Fauré (1845-1924) Allegro molto moderato Scherzo: Allegro vivo Adagio Allegro molto
 Robin Sutherland, piano; Ian Swensen, violin; Paul Hersh, viola; Jennifer Culp, cello


HASTA PRONTO.-

jueves, 15 de noviembre de 2018

CONCIERTO ABONO M ORQUESTA CIUDAD DE GRANADA VIERNES 16 NOVIEMBRE 2018 "MOZART INSTRUENTAL/VIOLIN"



viernes 16 noviembre 2018 / M2
Auditorio Manuel de Falla, 20:30 horas

MOZART INSTRUMENTAL / Violín

Wolfgang Amadeus MOZART
El rapto en el serrallo, obertura, KV 384
Concierto para violín núm. 5 en La mayor, KV 219

Joseph HAYDN
Concierto para violoncello en Do mayor, Hob.VIIb:1
Sinfonía núm. 100 en Sol mayor, “Militar”

 SERGEY MALOV violín, violoncello da spalla y director


Wolfgang Amadeus Mozart tenía 25 años y quería por fin tomar el rumbo de su propia vida. Se fue a Viena. Incluso cuando su padre siempre intentaba influenciarle desde Salzburgo: Wolfgang ya no dejaba que nadie se inmiscuyera en su vida. Además estaba enamorado. La familia Weber, que conocía desde años atrás, le alquiló una habitación. Allí componía, muy bien cuidado y con una relación amistosa con la familia, nadie le molestaba. Además: pretendía casarse con Contanze, la hija de la familia, un deseo que al principio le mantuvo en secreto a su padre Leopold.

En este tiempo Mozart recibe el encargo del emperador Joseph II de componer una ópera “El rapto en el serrallo”.
Muchos críticos ven paralelismos en el contenido de esta obra con su situación privada. Al fin y al cabo, Mozart era un artista sin recursos y por ello su futura suegra Cäcilia Weber no quiso concederle la mano de su hija Constanze. En efecto, las dificultades por las que atravesaba el amor de Mozart hacia Constanze fueron tratadas en esta ópera. Pero naturalmente estas son solo suposiciones…

La ópera de Mozart con una profundidad emocional total

Es un hecho que “El rapto en el serrallo”, aunque encuadrada como una ópera turca divertida y entretenida, es una obra con una profundidad emocional total. Los personajes son muy polifacéticos y desarrollan una complejidad insospechada. Así Mozart le escribe a su padre refiriéndose a un aria del Osmín: “En este aria he dejado que se vislumbren sus tonos más profundos”.

Esta ópera de Mozart se diferencia de muchas otras obras de su tiempo. El argumento está escrito siguiendo como modelo al del libreto de la opereta “Belmonte y Constanza, o “El rapto en el serrallo” del compositor de comedias alemán Christoph Friedrich Bretzner, Mozart corrigió y adaptó esta obra a sus ideas con el libretista Johann Gottlieb Stephanie.

Amantes a la fuga

Los protagonistas son una joven española llamada Constanza, su criada Blonde y su novio, el sirviente Pedrillo. Los tres fueron capturados durante un abordaje pirata y fueron separados y vendidos en un mercado de esclavos. Así llegan al palacio del Pachá Selim en la costa turca. Belmonte, un noble español que está prometido con Constanza, inicia su búsqueda y consigue acceso al palacio. Allí se encuentra con Pedrillo y planean la liberación de Constanza y de Blonde. Pero no será tan fácil. El Pachá intenta ganarse el amor de Constanza, y a su vez el guardia de los esclavos Osmín intenta ganarse el amor de Blonde. Pero ninguna de las dos mujeres quiere saber nada de ellos y están esperanzadas en su liberación.

Finalmente, Pedrillo consigue dejar fuera de combate a Osmín emborrachándole con vino, Belmonte consigue ver por fin a Constanza y comienza la huida. Esta parece salir bien, pero en el último momento es frustrada por el Pachá Selim y Osmín. El Pachá Selim quiere condenar a muerte a todos los que intentaron escapar, pero entonces les concede clemencia: él considera este hecho como mucho más gratificante que quitarle la vida a otras personas.

La música turca muy de moda por aquella época

La composición de Mozart contiene multitud de resonancias de la “música turca”, que se intentó imaginar así en el siglo XVIII. Así Mozart amplió la orquesta clásica de Viena para poder incluir instrumentos inusuales que hasta la fecha no se conocían procedentes del instrumentario musical de la música jenízara, como por ejemplo: platillos, tambores turcos muy grandes, flautines y el triángulo. A Mozart todo esto le divertía muchísimo, su ópera recibió con esta “música turca” un cierto sabor especial.

Wolfgang Amadeus Mozart alcanzó con la opereta de tres actos “El rapto en el serrallo” la primera de sus numerosasos obras maestrasdentro del mundo de la ópera. Esta obra fue estrenada el 16 de Julio de 1782 en Viena y obtuvo un gran éxito.

El rapto en el serrallo, obertura, KV 384     Se tiene la oportunidad de visionar la ópera completacon subtitulos en epañol.-


Concierto para violín núm. 5 en La mayor, KV 219


Conforme adquirió madurez, cada uno de los conciertos para violín de Wolfgang Amadeus Mozart se volvía más largo y épico que el precedente, y para cuando compuso el Concierto no. 5 (llamado el “Concierto turco”), Mozart logró crear algo muy similar al concierto solista del siglo XIX. Aunque la pieza en sí misma está claramente dentro de los límites de la tradición del concierto de cámara clásico, su escala (de alrededor de 25 minutos) y el grado de dificultad técnica son síntomas que marcaron la historia del violín. Muchas piezas con igual o mayor dificultad ya se habían escrito cuando llegó el Concierto no. 5, pero ninguna de ellas sobrevivió el paso del tiempo y, muy seguramente, ninguna es una música tan formidable. Un caballo de batalla del repertorio de los estudiantes y un básico de la dieta del violinista profesional, el no.5 de Mozart puede ser el concierto para violín más ejecutado de la historia.

El enfoque dramático del concierto es impresionante: es casi una ópera disfrazada de concierto, con el solista como protagonista. Mozart no le pide al solista participar tímidamente en el primer movimiento luego de que la orquesta haga como requisito la exposición del material principal, en cambio, hace un alto total al Allegro aperto justo en el punto de la entrada del violín solo y ofrece seis maravillosos compases de Adagio. El Allegro aperto reinicia casi inmediatamente, pero el hecho de que el solista tuviera el poder de detener el ensamble completo en un momento tan inesperado permanece fresco en el resto del concierto –cabe mencionar que, a pesar del reinicio del carácter inicial, el violinista participa con una melodía completamente nueva, electrizante y de altos vuelos, para acompañar esa música.

El Adagio es un movimiento soberbio, más largo por un margen considerable que los movimientos lentos de los cuatro conciertos previos. La melodía inicia sublimemente, y en su porción central atestiguamos uno de los pasajes más impresionantemente bellos jamás concebidos.

Mozart acude de nuevo a un final tipo Rondó francés, mismo que utilizó en los terceros movimientos de los conciertos 3 y 4 (Tempo di menuetto). En un Rondó francés, el movimiento básico es interrumpido a medio galope por una sección contrastante en todos sentidos con lo anterior, y es este contraste –un frenético Allegro– que da el apodo de “Concierto turco” a la obra.
Fuente: Blair Johnston para www.allmusic.com
1.Allegro Aperto - Adagio - Allegro Aperto 2.Adagio 3.Rondeau - Tempo di Minuetto



Joseph HAYDN
Concierto para violoncello en Do mayor, Hob.VIIb:1

Con sus movimientos “Moderato – Adagio - Allegro” el concierto para violoncello fue compuesto probablemente en 1761 ó 1762 y estrenado por el violoncellista Joseph Franz Weigl con la orquesta de Esterházy en Eisenstadt, Austria.
Hasta hace poco se creía que Haydn [compositor de incontables sinfonías, cuartetos para cuerdas y sonatas para piano] había producido sólo algunos conciertos. Después de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, han salido a la luz más de veinte. El Concierto para Violoncello en Do mayor es una de esas obras. En 1761 Haydn dejó atrás diez años de trabajo como compositor independiente para entrar en la corte del príncipe Anton Esterházy, donde permaneció durante cerca de tres décadas. El príncipe empleaba una orquesta residente que era considerada grande: inicialmente tenía 11 intérpretes más algunos adicionales provenientes del personal militar del príncipe y de las iglesias locales. Aprovechando estos recursos y el entusiasmo del príncipe por la música, Haydn aumentó el número de la orquesta a 28 instrumentistas: pares de flautas, oboes, fagotes, trompetas y trompas. Haydn estaba impresionado por la calidad de los músicos de Esterházy y se dedicó a componer conciertos para ellos. El concierto para cello en Do mayor fue uno de los primeros. La escribió para Joseph Franz Weigl, un violoncellista y compositor empleado en Esterháza entre 1761 y 1769. Una copia de la obra llegó a la biblioteca del conde Kolowrat de Praga, a quien le gustaba coleccionar conciertos para violoncello. Tenía alrededor de 30 de ellos copiados para que los interpretara su orquesta residente. El conde, como la mayoría de los entusiastas de la música de la época, se preocupaba mucho por contar con las últimas novedades, aunque no se planteaba lo importante que era preservar la música para la posteridad. La obra no se publicó y cuando dejó de tener el atractivo de la novedad, desapareció. Todo lo que se sabía de ella era que figuraba en un catálogo de sus obras que Haydn elaboró en 1765. Durante dos siglos se creía que el concierto (además de, posiblemente, otro concierto en Do mayor para cello que también aparece en el mismo catálogo) se había extraviado. En 1937 Anthony van Hoboken lo incluyó en su monumental catálogo de Haydn como obra perdida. Pero la partitura se había conservado en bibliotecas privadas de Praga. El otro concierto en Do no se ha podido encontrar. Su tema de apertura, que aparece en el catálogo de Haydn, es lo suficientemente parecido al del concierto que tratamos para que los estudiosos piensen que ambos deben haber sido versiones diferentes de la misma obra. Ninguno de los dos debe confundirse con el posterior Concierto para Violoncello en Re mayor, compuesto en 1783. Tras la Segunda Guerra Mundial muchas colecciones privadas de Checoslovaquia fueron confiscadas por el gobierno y llevadas a la Biblioteca Nacional. Fue allí, en 1961, donde el musicólogo Oldrich Pulkert descubrió la partitura del concierto. Los estudiosos de Haydn establecieron su autenticidad y su estreno moderno por el violoncellista Milos Sádlo y la Orquesta Sinfónica de la Radio Checoslovaca dirigida por Charles Mackerras, tuvo lugar el 19 de Mayo de 1962. Esta obra temprana (contemporánea de las Sinfonías 6, 7 y 8) ya muestra que Haydn es un maestro de la escritura instrumental. La parte del solo de cello es completamente idiomática. El concierto refleja la forma ritornello del concierto barroco así como la estructura naciente de la forma allegro de sonata. Como en los concerti grossi barrocos, el conjunto orquestal es pequeño: cuerdas, dos oboes y dos trompas. Es posible que Weigl fuera el único violoncellista de la orquesta Esterházy cuando Haydn compuso el concierto, ya que en la partitura existe una sola línea de violoncello, marcada alternativamente “solo” y “tutti”. Sin embargo, también hay una línea de basso continuo que pudo ser interpretada por cualquier otro violoncellista, por el propio Haydn al clave, o por un contrabajo. El virtuosismo del solista es patente tan pronto como el cello hace su entrada. Tras la introducción orquestal, el solo del instrumento interpreta el tema de la apertura con acordes plenos que utilizan las cuatro cuerdas. El virtuosismo se despliega aún en mayor medida con notas rápidamente repetidas, la extraordinaria gama de agudos y los veloces contrastes del registro. Haydn confió a su solista una cadenza hacia el final del primer movimiento.
 
En el movimiento lento (orquestado sin vientos) el violoncello hace su entrada dramáticamente con una nota larga, tocando mientras las cuerdas de la orquesta vuelven a abordar el tema de la apertura. Dos compases más tarde el cello continúa imitando esta melodía. A Haydn le gustaba este gesto: dentro del movimiento, el violoncello hace su entrada varias veces sobre una nota sostenida. Este movimiento, como el primero, incorpora una cadenza.
En el finale, airoso y cordial, también el violoncello entra con una nota larga, tras una extensa introducción orquestal. Una vez interpretado ese tono, el cello parece quedar atrapado dentro de sí mismo y regresa a él una y otra vez. En este movimiento se explota el virtuosismo del instrumento solista, especialmente en los pasajes donde el violoncello alterna entre tonos bajos y altos, de modo tal que pareciera que dos instrumentos interpretasen un contrapunto. Haydn utiliza varias veces la entrada con notas sostenidas, la última de las cuales es un Sol muy agudo y penetrante.


La música del compositor austriaco Franz Joseph Haydn gozó de una gran popularidad en su época, no sólo en el área germana debido a su trabajo como compositor de la corte de los Esterházy, para quienes trabajó durante más de treinta años, sino en varios países europeos –entre los que se encuentra España, con su relación con el Duque de Alba y la Condesa-Duquesa de Benavente– donde su música camerística estaba siendo muy bien acogida. Sin embargo, si hay una ciudad donde Haydn haya tenido una aceptación más que positiva y fructífera, esa ha sido Londres. La capital inglesa ya conocía la música del creador desde 1765 a través de sus cuartetos de cuerda. Pero en 1790, cuando realizó su primer viaje a la ciudad para dar a conocer sus sinfonías obtiene un éxito sin precedentes en toda su carrera, lo que hizo inevitable una segunda visita que alargaría de febrero de 1794 a julio de 1795. Durante estas dos estancias, influido por todos los honores y fama de su estancia en Londres crea el ciclo de sinfonía “Londres”, un total de 12 sinfonías, que pueden considerarse la culminación de su composición orquestal.

La Sinfonía nº 100 fue compuesta durante su segunda estancia londinense, a lo largo de 1794. Esta fue la pieza orquestal más famosa de Haydn durante aquellos años debido a su segundo movimiento, del que toma su denominación la sinfonía, “militar”. Para crearlo, el compositor recicló música de un movimiento de una obra precedente: el Concierto para dos liras organizzate Hob VIIh/3 (1786), que escribió para Fernando IV, rey de Nápoles. En cuya sección central, dentro de una forma lied (A-B-A), Haydn introduce un set de percusión –denominada “turca” en aquella época– compuesta por platos, triángulo y bombo, además de conferir gran importancia a la sección de metales. Esta sonoridad fue tomada por el público desde un sentido militarizado, como un canto en contra de la Francia revolucionaria, con la que Reino Unido estaba en guerra.

La construcción formal de esta obra se ciñe al estándar de la sinfonías en cuatro movimientos desarrollado por Haydn. Sin embargo, el compositor austriaco no nos deja de sorprender a lo largo de ella. El primer movimiento es introducido por un Adagio pesante en un registro grave, que le confiere una oscuridad que contrasta con la exposición del tema del Allegro posterior, por flautas y oboes, con un registro brillante para cada uno de ellos. Con este recurso el compositor nos guía a través de un movimiento convencional de forma sonata, pero lleno de novedades auditivas. El segundo movimiento ya sorprende por no ser el lento, sino un Allegretto, que influye en que el Minuet del tercero sea ralentizado. El Finale, con una forma Rondó-Sonata, es tan rico y sorprendente como el Allegretto, ya que introduce todas las novedades de éste, pero, además, nos enfrenta a contrastes bruscos de densidad, dinámica y tímbrica que crean una gran novedad dentro del estilo de la época. Con esta sinfonía, Haydn nos regala una música elegante llena de una inventiva tímbrica, melódica, armónica y formal, que muestra la creatividad y técnica propias de un genio de la música que, hoy en día, sigue siendo un referente en la búsqueda de soluciones formales y tímbricas dentro de la música orquestal.

 Joseph HAYDN   
Sinfonía núm. 100 en Sol mayor, “Militar”

 1. Adagio - Allegro 2. Allegretto  3. Minueto e Trio - Moderato . Finale - Presto


  Hasta pronto.-


 

lunes, 12 de noviembre de 2018

CONCIERTO ABONOA3 ORQUESTA CIUDAD DE GRANADA VIERNES 9 NOVIEMBRE 2018 "UNA LOCURA PALPITANTE"


viernes 9 noviembre 2018 / A3
Auditorio Manuel de Falla, 20:30 horas

UNA LOCURA PALPITANTE

Robert SCHUMANN
Manfred, obertura, op. 115


Piotr Ilich CHAIKOVSKI
Variaciones sobre un tema rococó, op. 33


Robert SCHUMANN
Sinfonía núm. 4 en Re menor, op. 120


GUILLERMO PASTRANA violoncello

VÍCTOR PABLO PÉREZ director

 Manfred de Robert Schumann

 La música para Manfred fue compuesta en 1848-1849. Schumann dirigió el estreno de la obertura en Leipzig, el 14 de marzo de 1852. La obra completa fue puesta en escena ese año en Weimar. Schumann padecía períodos de grave desequilibrio mental. A veces se sentía impulsado por hostigaciones interiores que no lo dejaban descansar hasta que terminaba una composición. Manfred, por ejemplo, fue compuesta por hostigaciones constantes de voces interiores.

 Era un proyecto especialmente apropiado para Schumann. Justamente había terminado la ópera Genoveva, que se refiere a una mujer trágica. Ahora sentía la necesidad de reconciliar uno de sus principales conflictos de personalidad, abocando sus esfuerzos a la realización de una composición dramática referida a un héroe masculino.

Así como era alternativamente dependiente o independiente de terceros, así como su conducta vacilaba entre el aislamiento y la intimidad, así como inventaba dos alter egos imaginarios para representar las fuerzas opuestas de su personalidad, así como luchaba con el clasicismo frente al romanticismo en sus composiciones, también padecía Schumann de un conflicto de identidad sexual. En su época juvenil había tenido intimidad tanto con hombres como con mujeres y ahora buscaba reconciliar su ambigüedad a nivel artístico: una ópera sobre una mujer seguida inmediatamente (en verdad comenzó Manfred a menos de un día después de terminar Genoveva) por una obra dramática sobre un hombre.

Schumann se identificaba con el Manfred de lord Byron, un héroe melancólico lleno de turbulencias interiores. El poema de Byron representa a Manfred en la cima de un peñasco en los Alpes. Experimenta una culpa intensa por haber destruido a una mujer cuyos errores en verdad habían sido los de él. Le distrae "un bello sonido, una voz vivida, una armonía palpitante". Manfred contempla la posibilidad de escapar a través del suicidio. Se da cuenta de que si decide no saltar quizá se vea sumido en la locura. Pero él evita ambas formas de autodestrucción.

Los paralelismos entre el héroe de Byron y Schumann son extraordinarios y no es sorprendente que el compositor se sintiera atraído por Manfred. Como explica el musicólogo Frank Cooper:
Schumann "conocía demasiado bien los dilemas de Manfred. No buscaba la locura que buscaba Manfred, pero esta buscó, halló y poseyó a Schumann. Su tragedia fue enloquecer mientras trataba desesperadamente de aferrarse a la cordura y al arte que sólo la cordura puede producir. Quizá por eso Manfred es una creación tan curiosa".
Aunque Schumann compuso 15 escenas, en la actualidad la música de Manfred se conoce principalmente por la obertura. El dilema del héroe está simbolizado por esta apertura tan extraña: tres acordes parejamente espaciados que aparecen en la partitura como síncopas pero que no pueden ser escuchados como tales, ya que nadie en la orquesta toca realmente sobre los tiempos fuertes. El dilema del músico es cómo hacer que esos acordes suenen fuera de compás cuando el compás mismo es inaudible. Los tres acordes permanecen aislados de la posterior introducción, elaborada y lenta. Tampoco regresan de ningún modo manifiesto durante toda la obertura anhelante, perturbada y romántica. Por lo tanto la música no ofrece ninguna solución, del mismo modo en el que el Manfred de Byron no resuelve sus problemas.




 Robert SCHUMANN
Sinfonía núm. 4 en Re menor, op. 120

  I. Ziemlich langsam - Lebhaft ∙ II. Romanze. Ziemlich langsam ∙ III. Scherzo. Lebhaft ∙ IV. Langsam -
En la década de 1840 Schumann era ya un reconocido compositor de música para piano y después de haber creado ya buen número de canciones sobre textos poéticos alemanes, era considerado uno de los principales difusores de la música romántica alemana. Pero siguiendo un impulso incontrolado que le llevaba a expresarse por el camino de la gran forma, hizo de 1841 su gran año sinfónico.
La obra que marcó su carrera compositiva fue la Gran Sinfonía en do mayor de Franz Schubert(1797-1828). La brillante técnica compositiva y el escrupuloso cuidado que puso su autor en cada detalle de esta sinfonía, inspiraron a Schumann la idea de componer también dentro de este mismo género.

En 1841 escribió dos sinfonías, la no. 1 en si bemol mayor, Primavera y la primera versión de su cuarta sinfonía. A pesar de que cronológicamente esta sinfonía fue compuesta en segundo lugar no será catalogada en este orden debido a que después de su escritura la guardó para realizarle posteriores revisiones. Mientras tanto, en los años siguientes estrenó y compuso las que serían su segunda y tercera sinfonía, en do mayor yen mi bemol mayor, respectivamente.

En Leipzig se estrenó, el 6 de diciembre de 1841, la primera versión de esta sinfonía. En la Fantasía Sinfónica, como se designó en un principio a la obra, el compositor quería que los movimientos se interpretasen sin interrupción pudiendo escuchar así la reaparición de los temas de manera encadenada y con una clara intención de configuración cíclica. El planteamiento que Schumann utilizaba en la obra sería una aportación muy moderna que anuncia la etapa final del romanticismo.

Unos años después, en diciembre 1952, se estrena en Düsseldorf la versión definitiva de la sinfonía. Después de una profunda restructuración de la obra y una revisión de la estructura formal, Schumann reconstruyó la sinfonía para que todas las partes se relacionasen entre sí de un modo más armónico y equilibrado. En 1853 fue publicada como su Sinfonía no. 4.

Clara Schumann mantuvo siempre que la versión de 1841 no fue sino un esbozo de la versión definitiva, afirmando con ello que las últimas anotaciones que el compositor realizó de la sinfonía sería su versión elegida.

A pesar de los diversos comentarios sobre las pocas dotes que Robert Schumann tenía como orquestador, con unos recursos muy poco variados y pesantes que hacen que la escucha llegue a ser, en ocasiones, dispersa, hay que profundizar en la obra para observar detalles orquestales que distan mucho de tales aseveraciones. Encontramos varias combinaciones e instrumentaciones bastante jugosas durante la obra que demuestran los destellos orquestales con los que contaba el compositor alemán. Estructuralmente la obra se nos presenta con una innovación formal que va un paso más allá en la evolución sinfónica a la que llegará Brahms. La idea de concebir la obra en un solo trazo, para procurar una relación mucho más acusada de los motivos principales, da un paso más en la concepción cíclica que comenzase Beethoven.
Todo esto supondrá no sólo un destello de genialidad compositiva, sino un signo de modernidad que formará la base para los desarrollos orquestales posteriores.
Fuente: Tania Perón para la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias




Las Variaciones sobre un tema rococó, opus 33, para violonchelo y orquesta es una obra escrita por Piotr Ilich Chaikovski en el año 1876, poco tiempo después de la Fantasía Sinfónica Francesca da Rimini. Es de corte clásico y se cree que Chaikovski la compuso pensando especialmente en Mozart. 
 La obra consiste en una introducción de la orquesta y un tema (basado en una melodía tradicional que expone elchelo y se desarrolla en siete variaciones separadas por breves cadenzas del solista e interludios orquestales. El tema de carácter gracioso y cortesano, brinda al chelista oportunidad de lucimiento a través de sus variaciones, no sólo en los pasajes virtuosísticos sino también en los momentos en que el tema adquiere un carácter elegíaco que exigen al solista grandes dotes expresivas. 



HASTA PORONTO.-